Orcas

 Podía respirar a pesar de encontrarme sumergida en aquella pecera. Las paredes se adornaban como en el renacimiento, ¿habría llegado a Atlantis? Me parecía irreal la belleza del océano aunque me aterraba su misterio, el peligro que traían algunos animales. Sonaban a lo lejos las ballenas, emiten aquellos ruidos tan característicos. Me veía dentro de un cuadro, yo estaba en un museo viendo aquella obra tan fantástica que parecía querer sumergirme. 

Había un fantasma sentada en la sala, miraba el cuadro, había una familia pintada. Mi alma se representaba en la pintura pero la del fantasma no. 

Pero yo estaba en mi cuarto pero ¿y ella qué hacía ahí? Que hacía la mujer, que hacía el fantasma que tantas veces veía. Estaba enferma, su familia no la quería, qué triste desasosiego tendría. La hablabas y ella te decía que no estaba muerta, que respiraba y vivía como yo, que era tan humana como los demás pero estaba muerta desde hacía mucho tiempo. 

Que perdida ésta ¿cómo murió?

Ella no hablaba de la muerte, tenía su mirada borrosa, era preciosa pero se la veía en blanco y negro ¿por que yo tenía color? ¿por qué estaba en japón? Paseaba entre las callejuelas, todos los cables volaban, llovía mucho, sonaba música a lo lejos pero nadie bailaba. No entendía el origen de la tristeza, otro concepto más.

La lluvia me mojaba, mi pelo estaba húmedo pero aquello no era real, era real en otro lugar, es real en el escrito y en mi mente, pero no es real en la lectura. 

La pecera se impregnaba de renacer, entraba la luz de la cúpula, creo que estaba en una iglesia, una iglesia llena de agua. Igual si hubiera mirado abajo hubiera visto a fantasmas rezar, sus plegarias igual subirían hacía mí, hacía el cielo tapado por un techo. Las pinturas tan solo muestran falsedad, no es el cielo, es solo pigmento, yo quiero las estrellas puras no a los ángeles perfectos, yo quiero a Dios no a las historias. Yo quiero sentir la creencia, que se vuelva real, palpar el cuerpo de cristo aunque me llegue de Dionisio ¿Nietzsche tenía razón? Yo creo que he tocado a Apolo, con una mano y he besado a Dionisio. Entiendo el arraigo a lo apolíneo, yo me iría con él, me iría hacía la razón, dejaría la locura, dejaría el caos y organizaría la vida pero yo beso a Dionisio, yo desordeno todo mientras me agarro a la pizca de equilibrio que necesito para no destruirme. 

Por fin he llevado a puerto el hilo, por fin tiene sentido el sentir, por fin la pecera tiene salida. 

Ahora hay insectos que me atacan, somos tan insignificantes que bailamos para aquello que tratamos de Dios, le suplicamos piedad sin tenerla. El mayor perdón que conseguirás será el tuyo, olvida al cura de tu pueblo, ese no pudo ayudar aquella que suplico a los pies del altar donde él realizaba la misa. Al final solo te puedes salvar tú. La divinidad no cabe en una iglesia, esta lo limita.

La pecera baila pero esta inmovil en la pintura ¿crees que eso existirá? Me hace sentir como aquella cúpula a la que me iba de pequeña, tan preciosa con su renacimiento manifestado en pigmento. Recuerdo como las olas chocaban contra el acantilado, le recuerdo a él creyendo en mí, pidiéndome que salte y cayendo al mar, volviéndome eterna mientras me sumergía y observaba lo natural, mientras descubría los secretos del humano, mientras descubría la verdad, lo absoluto. ¿Fue el inicio o fue el final? Me dijo que lo olvidaría todo, era tan pequeña, era una niña de seis años bailando con las olas, tragando agua, olvidando lo limitado del humano sin creencia. La cúpula quedaba en lo alto, la cúpula era mía y solo mía. Las ventanas se decoraban con dorado, todo brillaba, yo vestía como una princesa. Aquello era mejor que Disney, aquello era de verdad. Amaba la locura, amaba el mar pero me encontraba en la orilla siendo humana, me encontraba en sus brazos. Sabía que él era la persona que mi alma amaba, sabía que él era la persona de mi amor pero él no era de mi realidad. Me sostenía, me abrazaba, me daba las gracias pero ambos sabíamos que él se iría. Ahora estoy en la pecera, ahora recuerdo que hay bajo el mar, ahora recuerdo que hay debajo de esos lugares a los que no me dejaban entrar, ahora recuerdo la divinidad, ahora recuerdo mi respiración sosegada bajo la luz que entraba por las olas. Ahora recuerdo mi muerte y mi renacimiento, ahora entiendo la pintura que tanto adorna la cúpula, que tanto adorna la creencia. Entiendo el paraíso. 

Me veo con la orca, me veo con miedo, miedo que con él se va. Él no es Alex, él es otro, Alex está conmigo, con Alex me encontré en otros sitios. Siempre hubo dos. Siempre hubo dualidad, la dualidad es la falta de saber, hay más de dos, dos es el comienzo de la multiplicidad de espacios, hay muchas capas en la pintura. 

Me rezo a mi misma, vuelvo a besar a Apolo, vuelvo a besar a Alex, trato de dejar a Dionisio, espera, el caos ya se fue de mi pero queda su reminiscencia, queda su aroma en los recuerdos, estuve atrapada con él muchos años. La fiesta me arrastraba hacía la oscuridad, me cegaba la ebriedad, iba mareada por la realidad, no podía escapar de ningún lugar, estaba en todos. Había cierta perdición en mí, no había espacio para Apolo, ahora tan solo me arraigo a la memoria que me permite ser. Que terrible castigo es este, yo me quiero marchar al paraíso, yo ya lo he palpado, la humanidad va lenta pero ya llegaremos, supongo. En el paraíso ya está Dionisio, me espera para pedirme perdón, perdón por atraparme. Apolo me agarra de la mano, le quiero tanto, aquel que me busco por la palabra y me hizo olvidar lo sabido para encontrarlo. Me hicieron pensar que todo aquello era una película, ahora me hacen pensar que la pecera es un cuadro que existe, se inventan un arte que no se ha creado, me susurran como si yo lo fuera a inventar. 

Yo ya he besado el caos, ahora me queda besar a Apolo, convertirlo en historia y no solo de España, del mundo y que las orcas me abracen, que se rompa la cúpula, que se libere la divinidad que tanto costó encerrar, que tanto costó crear. Que se libere la magia que veo atrapada y libre en mi mundo. Liberar la humanidad del desasosiego que trae desde que inventaron y crearon la narrativa de los libros, no os toméis en serio la norma, no hagáis acaso a quienes impongan lo absoluto. Quien sabe la verdad no necesita que todos le crean, no necesita enfadarse ni imponer, tan solo sigue caminando, deja de un lado al resto, rompe todas las cúpulas, se sumerge en la pintura religiosa, se sumerge en la creencia castigada y limitada. Deja atrás lo peor, baila con los ángeles y baila con las nubes y las estrellas, simplemente baila y no se cansa porque vive. Le da igual todo, hay felicidad, hay diversión. Ha conocido a Apolo, está besando su perfección pero ha tenido que ganarle al ajedrez a Dionisio, igual ha sido largo, ahora descansa. Dile que no cuando te diga de volver a jugar, perderás muchas veces antes de saborear la victoria, dejale solo y dale la mano a Apolo, él te busca pero él no es razón, él es vida. 

Esto es la creencia de la vida, esto es otro dogma por si te quieres abrazar a lo bello y armonioso, ten en cuenta que dentro hay caos. 

Yo mientras seguiré cayendo y cayendo en imágenes ficticias, nulas de sentido casi pero tan bonitas que te avivan, dejemos atrás todo y seamos, tú y yo, un cuadro del renacimiento creando una nube ahora, las orcas ya querían liberarnos de la cúpula, dejalas ser, dejame ser, dejame vivir en el espíritu, déjate vivir en concordancia a lo que eres y no a lo que pretendes. 


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